Pasajes de mi infancia

Adolfo siempre había sido un niño con muchas ilusiones, como todos, aunque a decir verdad, era un niño muy tranquilo y protector.  Adolfo era el mayor de 7 hermanos y muy unido a Antonio, el hermano que le seguía. Antonio por su parte era fantasioso y rebelde, su forma de ver la vida siempre lo llevaba a elegir sus acciones, y eso le traía problemas de vez en cuando con su padre, un hombre que aunque muy bueno, era muy duro. Adolfo y su familia vivían en un rancho algo alejado del pueblo, como se han de imaginar, la vida era más que tranquila.

Adolfo a menudo le contaba su vida a Antonio, le daba detalles de cómo sería en un futuro, describiéndose así como un gran veterinario,  aunque Antonio más bien le viera la cara de dibujante, esto gracias a su indiscutible don para plasmar carros en libretas gastadas de ciclos anteriores que Adolfo reciclaba. Antonio disfrutaba ver a su hermano fantasear con el futuro porque él también le contaba su deseo de ser científico, que lo loco ya lo traía desde la cuna. Estas pláticas cabe aclarar, se hacían cuando los hermanos iban a buscar el ganado de su padre que se iba a pastar a otros terrenos dentro de aquel rancho.

Adolfo podía estar enfermo, o podía tener mucha tarea, pero él nunca faltaba a ayudarle a su padre. Siempre buscaba la forma de sacar a su familia adelante, incluso, tiene algunos títulos heroicos déjenme decirles, En un tiempo el junto a Antonio se hicieron cargo del negocio familiar debido a un accidente en el pie de su padre, otras veces se iban en una camioneta algo antigua por agua para el ganado cuando al gobierno se le ocurría no dar el servicio de agua, esperen, tengo una mejor, cuando eran temporadas de lluvia alrededor de su casa se inundaba y la camioneta vieja se apagaba justo a la mitad de un charco grande, exacto, ahí estaban Adolfo y Antonio empujándola para sacarla del charco, y ya ni a la escuela podían ir. A pesar de que la sociedad era muy dura y los niños del pueblo no entendían por qué a veces Adolfo y Antonio  llegaban muy temprano, o a veces no tenían un lonche caliente en el recreo, o muchas otras no compraban el material para la clase de arte, y así, la lista se extendería si les contara todas las cosas que pasaban estos dos hermanos en el día a día, Adolfo y Antonio vivían felices en su mundo, apoyándose. Para eso están los hermanos, ¿Qué no?

Pero para Antonio ese niño loco, raro pero muy inteligente hubo muchas cosas que siempre quiso decir y nunca lo hizo, como por ejemplo, que sin Adolfo él no se hubiera sentido tan protegido cuando la vida le atacaba, y que él era su razón de mantenerse fuerte por el pacto que tenían uno con el otro. Que la compañía y la idea de saber que siempre estaba ahí fue de las cosas que más valoraba, que él le dio el ejemplo de dar todo por su familia y aun así también le enseño el valor de perseguir sus sueños y no dejarse humillar por nadie. Que las cosas se ganan con trabajo, y que con la humildad se obtiene el respeto más admirable. Adolfo es un gran ser humano y Antonio, ósea yo, quería que supiera que la infancia junto a él fue una hermosa travesía por la vida.

 

 

 

 

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